INTRODUCCIÓN, FILOSOFÍA Y ALCANCE

DEL CONTROL BIOLÓGICO

 

 

Juan F. Barrera

 

 

El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR), Apartado Postal # 36,

Carretera Antiguo Aeropuerto km. 2.5, Tapachula, Chiapas, 30700 México

e-mail: jbarrera@tap-ecosur.edu.mx

 

 

CONTENIDO

INTRODUCCION

EL CONCEPTO Y LA PREMISA FUNDAMENTAL

DESARROLLO HISTORICO

VENTAJAS Y DESVENTAJAS

BENEFICIOS

EL RIESGO

CLASES DE ENEMIGOS NATURALES

CLASES DE CONTROL BIOLOGICO

CONTROL BIOLOGICO Y MIP

ALCANCE Y FUTURO

REFERENCIAS

CUADRO 1. SELECCION DE CASOS NOTABLES DE CONTROL BIOLOGICO EN EL MUNDO

CUADRO 2. SELECCION DE CASOS NOTABLES DE CONTROL BIOLOGICO EN MEXICO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

            A más de 100 años después del exitoso uso de la catarinita Rodolia cardinalis (Mulsant) para  el  control  de  la  escama  Icerya purchasi  Maskell  en California —caso a partir del cual se considera que inició el control biológico como disciplina científica—, estamos asistiendo a un uso más amplio del control biológico en México. Sin embargo, de manera general, la tendencia hacia el uso casi único y excesivo de plaguicidas sintéticos es aún persistente. Así pues, en el comienzo de un nuevo siglo, el reto que tenemos consiste en disminuir esa tendencia y sustentar el control de plagas en un manejo más racional, donde el control biológico actúe como pilar y eje de su desarrollo y aplicación. Indudablemente, que la enseñanza del control biológico no solo hacia los técnicos y agricultores, sino también hacia el gran público, será un factor clave para lograr este propósito. En este orden de ideas, el objetivo del presente trabajo es dar una introducción al control biológico, a través de la cual esperamos, por un lado, difundir su filosofía y alcance, y por otro, facilitar la comprensión e integración de los otros temas de este curso. 

 

EL CONCEPTO Y LA PREMISA FUNDAMENTAL

 

            El término “control biológico” fue usado por primera vez por H.S. Smith en 1919, para referirse al uso de enemigos naturales (introducidos o manipulados) para el control de insectos plaga. Su alcance se ha extendido con el tiempo, a tal grado que ahora se presentan problemas para definirlo adecuadamente, en particular porque el término implica aspectos académicos y aplicados (Wilson y Huffaker, 1976). Aquí se entenderá como control biológico al uso de organismos vivos como agentes para el control de plagas   (Greathead y Waage, 1983).

 

            De acuerdo con Huffaker (1985), la premisa del control biológico descansa en que bajo ciertas circunstancias, muchas poblaciones son llevadas a bajas densidades por sus enemigos naturales. Este efecto se origina de la interacción de ambas poblaciones (plaga y enemigo natural), lo cual implica una supresión del tipo densidad-dependiente, que se traduce como el mantenimiento de ambas poblaciones en equilibrio.  Bajo este concepto, la población del enemigo natural depende a su vez de la población de la plaga, es decir, la interacción de las poblaciones significa una regulación y no un control (Summy y Frech, 1988; Rodríguez del Bosque, 1991). Por lo tanto, esta situación es diferente a la acción de otros métodos basados en aspectos biológicos, tales como los semioquímicos (feromonas, atrayentes, repelentes), insectos estériles, plantas resistentes, etc. (Huffaker, 1985).

 

DESARROLLO HISTÓRICO

 

            Por mucho tiempo han existido ejemplos del uso de enemigos naturales para el control de plagas, y quizá el caso más antiguo (se desconoce el tiempo exacto), es el que hace referencia al uso de hormigas por agricultores chinos; sin embargo, el control biológico nace como un método científico hacia el final del siglo XIX, con el exitoso caso ocurrido en 1888 de la introducción desde Australia a California, de R. cardinalis contra la escama algodonosa de los cítricos I. purchasi (Simmonds et al., 1976).  De acuerdo con lo anterior, el control biológico como método científico es relativamente moderno, ya que tiene una edad de un poco más de 100 años. El nacimiento del control biológico se produjo, por un lado, por la aparición de nuevos conceptos relativos a la relación entre las especies, su evolución, la presión de las poblaciones y la lucha por la existencia; y por otro lado, por la urgente necesidad de soluciones a los problemas más serios que provocaban las plagas introducidas en diferentes partes del mundo (Wilson y Huffaker, 1976). El desarrollo histórico del control biológico se presenta en el Cuadro 1, donde se muestra una selección de acontecimientos notables en este campo.

 

            Los principales logros en control biológico clásico en Latinoamérica han sido contra la mosca prieta de los cítricos Aleurocanthus woglumi Ashby en Mesoamérica; el barrenador de la caña de azúcar Diatraea saccharalis (F.) en Cuba, Perú, Brasil y el Caribe; la escama harinosa I. purchasi en casi todos los países; el pulgón lanígero de la manzana Eriosoma lanigerum (Hausmann) en Uruguay, Chile y Argentina; la escama negra Saissetia oleae (Oliver) en Chile y Perú (Altieri et al., 1989).

 

            Aunque el método biológico de control de insectos en México despertó el interés de los especialistas desde el siglo pasado, fue hasta 1940 cuando se realizaron trabajos más decididos con la introducción de Aphelinus mali (Haldeman) para el control del pulgón lanígero del manzano E. lanigerum en Coahuila. En 1942 se hizo el primer intento para el control biológico de la mosca prieta de los cítricos A. woglumi, pero fue entre 1949 y 1950 en que el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y la entonces Dirección de Defensa Agrícola, llevaron a cabo un programa para la introducción de enemigos naturales desde la India con resultados espectaculares en el control de esta plaga (Jiménez, 1958; Smith et al., 1964; Carrillo-Sánchez, 1985). Posteriormente, en México se establecieron diferentes programas de introducción de enemigos naturales previamente introducidos a Estados Unidos. Las plagas consideradas y sus enemigos naturales fueron : la escama algodonosa de los cítricos I. purchasi con R. cardinalis; la escama purpúrea Lepidosaphes beckii (Newm.) con el parasitoide Aphytis lepidosaphes Compere; la escama roja de Florida Crysomphalus aonidum  L. con el parasitoide Aphytis holoxanthus DeBach; la escama algodonosa de los pastos Antonina graminis Mask. con los parasitoides Anagyrus antoninae Timb. y Neodusmetia sangwani (Rao); las moscas de la fruta Anastrepha ludens (Loew) y A. striata Schiner con los parasioides Diacasmimorpha longicaudatus (Ashmead), Syntomosphyrum indicum  Silv.  y  Pachycrepoides vindemmiae (Rondani); y el pulgón manchado de la alfalfa Therioaphis maculata  (Buckton) con las especies  Praon palitans Muesebeck, Aphelinus semiflavus  Howard y Trioxys utilis Muesebeck (Carrillo-Sánchez, 1985). Desde 1963 hasta la fecha, se cría al parasitoide Trichogramma spp. en centros de cría localizados en muchos estados de la república mexicana. En México, algunas plagas recientemente manejadas a través de la estrategia de control biológico clásico son la broca del café Hypothenemus hampei (Ferrari) (Barrera et al., 1990), la cochinilla rosada del hibisco Maconellicoccus hirsutus (Green) (Meyerdirk et. al. 2000) y el pulgón café de los cítricos Toxoptera citricida (Kirkaldy) (Anónimo, 2000). Una síntesis cronológica del control biológico en México se presenta en el Cuadro 2.

 

VENTAJAS Y DESVENTAJAS

 

            El control biológico cuando funciona posee muchas ventajas (Tejada, 1982; Summy y Frech, 1988), entre las que se pueden citar : a) Poco o ningún efecto nocivo colateral de los enemigos naturales hacia otros organismos, incluido el hombre. b) La resistencia de las plagas al control biológico es muy rara. c) El control es relativamente a largo término, con frecuencia permanente. d) El tratamiento con insecticidas es eliminado por completo o de manera sustancial. e) La relación costo/beneficio es muy favorable. f) Evita plagas secundarias. g) No existen problemas de intoxicaciones. h) Se le puede usar dentro del contexto del MIP.

 

            Entre las limitaciones se tienen: a) Ignorancia sobre los principios del método. b) Falta de apoyo económico. c) Falta de personal especializado. d) No esta disponible en la gran mayoría de los casos. e) Problemas con umbrales económicos muy bajos. f) No todas las especies de plagas dentro de un complejo son atacadas efectivamente por los enemigos naturales. g) La gran mayoría de los enemigos naturales son más susceptibles a los plaguicidas que las plagas. h) Los enemigos naturales se incrementan con retraso en comparación a las plagas que atacan, por lo cual, no proveen la supresión inmediata de los insecticidas.  Esto significa que los resultados del control biológico no son espectaculares, y por lo mismo, se presenta temor por parte del agricultor de perder su cosecha.

 

BENEFICIOS

 

Éxitos y fracasos

 

            La medición del éxito en control biológico es difícil de establecer; desde el punto de vista ecológico, alguna clase de éxito se presenta cuando una especie introducida se establece por si misma en la nueva área geográfica, en tanto que desde el punto de vista del control de la plaga, la única forma de medir el éxito es la económica (Hokkanen, 1985).

 

            El éxito en control biológico ha sido clasificado en tres tipos (DeBach, 1968): a) Exito completo, cuando el control biológico se obtiene y mantiene contra una plaga importante sobre una área extensa, a tal grado que la aplicación de insecticidas se vuelve rara. b) Exito sustancial, incluye casos donde las ganancias son menos considerables, ya que la plaga controlada o el cultivo, son menos importantes; esta situación se presenta también porque el área cultivada es pequeña, o porque ocasionalmente se requiere del uso de insecticidas. c) Exito parcial, aquí el control químico permanece comúnmente como necesario, pero se reduce el número de aplicaciones; también se aplica a casos donde el éxito se obtiene en una pequeña porción del área infestada con la plaga.

 

            Hasta 1970 se habían producido al menos 253 éxitos con la importación de enemigos naturales; de un total de 223 plagas, en 120 se había obtenido algún grado de control: 42 casos de éxito completo, 48 de éxito sustancial y 30 con éxito parcial.  De estos datos se desprende que el éxito para controlar a una plaga por control biológico, fue del orden del 54% (DeBach, 1977). De acuerdo con otro registro, Laing y Hamai (1976), reportan que el control biológico clásico de insectos plaga ha ocurrido en 327 casos.  De éstos, 102 han sido de éxito completo, 144 de éxito sustancial y 81 de éxito parcial. En otro reporte, el porcentaje de éxitos sustanciales de control biológico de insectos plaga fue de 40 %, en tanto que para malezas este porcentaje fue de 31%  (Waage y Greathead, 1988.). Estos datos indican que el control biológico no es la panacea del control de las plagas, y que los éxitos obtenidos no son más que la punta del iceberg del trabajo que se ha hecho en el campo.  Sin embargo, en las últimas décadas se aprecia que el número de éxitos completos se está incrementando, lo cual es un reflejo del conocimiento que se ha generado en relación a los procesos ecológicos y a una sólida experiencia empírica.  Se puede decir que la disciplina esta madurando (Hokkanen, 1985).

 

Costo/beneficio

 

            En términos económicos, los beneficios, cuando los ha habido, han sido tan espectaculares como los ecológicos: se ha calculado un retorno aproximado por cada dólar invertido en control biológico clásico de una plaga de 30 a 1, mientras que para el control químico la relación es de 5 a 1 (DeBach, 1977; Hokkanen, 1985). Datos proporcionados por Greathead y Waage (1983), indican que en California (1923-1959) se ahorraron 115.3 millones de dólares en 5 proyectos para el control de cinco plagas, mientras que el gasto para lograrlo fue de 4.3 millones de dólares, es decir, por cada dólar invertido se ganaron 26.8. En Australia, los beneficios totales obtenidos en el control de 4 plagas fueron de 392 millones de dólares y los costos de la investigación alcanzaron 13.6 millones de dólares, con una relación de 28.8 por 1. Algunos proyectos del International Institute of Biological Control (Inglaterra) en regiones tropicales, muestran ganancias de hasta 346.5 dólares por cada dólar invertido (p.e. el caso del minador de la hoja del cocotero en Sri Lanka).

 

EL RIESGO

 

            La introducción de agentes de control biológico frecuentemente se declara por ser ambientalmente segura y sin riesgos, sin embargo, existen evidencias que indican que esta aseveración no es del todo cierta, tal como recientemente lo revisa y discute Howarth (1983, 1991). De acuerdo con Funasaki et al., (1988), en casi 100 años (1890-1985) de control biológico en Hawaii, se han introducido 679 especies para el control de insectos, malezas y otros organismos; de 243 que se establecieron, el 8.2% (20 casos) se ha reportado atacando especies nativas hacia las cuales no iba dirigido el control, incluso, un 7% (17 casos) atacando a organismos benéficos.   La mayoría de estos errores se cometieron por la carencia de planeamiento y pobre evaluación de los enemigos naturales antes de su introducción. En algunos casos, los errores han sido funestos (p.e. el pájaro Myna), ya que ciertas introducciones se han visto implicadas en la extinción de algunos organismos. Actualmente se reconoce que algún riesgo es inherente en los programas de control biológico, como en cualquier otra estrategia de control. A fin de reducir el riesgo de las introducciones de enemigos naturales, se deben seguir procedimientos científicamente comprobados (Funasaki et al., 1988; Howarth, 1991). Un claro ejemplo de proceder correctamente se ha dado en Hawaii, donde en los últimos 21 años ninguna especie aprobada para su introducción y liberación se ha registrado atacando especies nativas u otras especies deseadas (Funasaki et al., 1988).

            En otros casos, el estatus de un organismo benéfico puede cambiar hacia el estatus de plaga. Como ejemplo, citaremos el caso de la palomilla argentina, Cactoblastis cactorum Berg (Lepidoptera: Pyralidae), que fuera introducida a Australia en 1925 para el control de cactus (Opuntia spp.) que se habían convertido en malas hierbas al invadir más de 30 millones de hectáreas. Para 1930 la palomilla había tenido tanto éxito en el control de los nopales que en la literatura especializada se le considera como un magnífico ejemplo de control biológico de malezas (Holloway, 1968). Posteriormente, en 1957-1960, C. cactorum fue introducida con el mismo propósito a varias islas de El Caribe, ocurriendo una dispersión natural (o inducida accidentalmente) hacia la mayoría de las islas de la región. En 1989, la palomilla argentina fue detectada en la Florida (EUA), y con su rápida dispersión hacia el norte, está causando preocupación su posible impacto sobre los cactus de Florida, así como sobre aquellos que son nativos del resto del continente Americano (Johnson y Stiling, 1998).

 

CLASES DE ENEMIGOS NATURALES

 

            En principio, cualquier organismo y algunos productos orgánicos, tales como el estiércol del ganado, son susceptibles al control biológico.  A partir del uso de insectos entomófagos para el control de insectos plaga, el control biológico se ha extendido al uso de una amplia gama de organismos para el control de insectos plaga, ácaros, caracoles, algunos vertebrados, y plantas tan diversas como las algas, hongos, hierbas, arbustos y árboles.  Dentro de los organismos que son usados como agentes de control, se incluyen a los virus, bacterias y sus toxinas, hongos y otros microorganismos patógenos, nemátodos, caracoles, insectos, ácaros, y vertebrados de varias clases; y se puede esperar una expansión considerable en el rango de organismos controlados biológicamente y el de organismos que proveen tal control (Wilson y Huffaker, 1976). Mientras que los organismos utilizados como agentes de control generalmente tienen como efecto la muerte directa del organismo que atacan, a veces pueden operar de otras formas, como el caso de los hongos antagonistas que inhiben el desarrollo de otros microorganismos mediante sustancias que excretan (antibióticos) o nemátodos que esterilizan a las hembras de los organismos afectados, o como los enemigos naturales que reducen la capacidad reproductiva o competitiva de las plantas que atacan (Wilson y Huffaker, 1976).

 

            Stehr (1975), van den Bosch et al. (1982) y Greathead y Waage (1983), presentan las siguientes clases de enemigos naturales y las características que separan a estos grupos:

 

Depredadores.  Son individuos que consumen varios organismos durante su vida, y activamente buscan su alimento.  Al organismo que es consumido se le denomina presa, y por lo general son más grandes que éstas.  Algunos consumen un rango amplio de especies de presas (polífagos), otros un rango más estrecho (oligófagos), y otros más son altamente específicos (monófagos).  Desde el punto de vista del control biológico, los depredadores oligófagos y monófagos son mejores como agentes de control.  La mayoría de los depredadores consumen el mismo tipo de presa como inmaduros o como adultos.  Las mantis, arañas, y muchas especies de catarinitas (Coccinellidae) son ejemplos de depredadores.

 

Parasitoides.  Generalmente se les incluye en la categoría de parásitos, pero un parasitoide es una clase especial de depredador que generalmente es del mismo tamaño que el organismo que ataca, también se caracterizan porque se desarrollan dentro o sobre un organismo, el cual casi siempre muere al ser parasitado.  El estado larvario del parasitoide es parasítico, mientras que los adultos son de vida libre y muy activos para buscar a los organismos que parasitan, a los cuales se llama huéspedes u hospederos.  Cada parasitoide consume un solo huésped.  A diferencia de los parasitos verdaderos, los parasitoides matan a su hospedero.  Hay parasitoides enteramente monófagos.  Las avispitas parasíticas son buenos ejemplos de parasitoides.

 

Patógenos. Son microorganismos parasíticos que frecuentemente matan a su huésped.  Los cadáveres de los hospederos liberan millones de microbios individuales, que son dispersados por el viento y la lluvia.  Debido a su tamaño diminuto y a su rápida reproducción en el huésped, los patógenos son más fáciles de producir masivamente que los parásitos y pueden ser liberados contra las plagas usando equipos desarrollados para la aplicación de plaguicidas químicos.  Varios tipos de microorganismos han sido usados en control biológico, como las bacterias, virus, hongos y protozoarios; los nemátodos, aunque no son microorganismos, se consideran dentro de este grupo, debido a las técnicas involucrada en su utilización.  La utilización de patógenos para el manejo de las poblaciones de las plagas, se llama control microbial.

 

Organismos para el control de malezas.  Los insectos fitófagos son ampliamente usados para el control biológico de malezas.  Estos insectos son similares en muchos aspectos a las plagas de los cultivos, pero tienen un alto grado de especificidad por su planta hospedera, lo cual asegura que éstos solo atacarán a la maleza y no a los cultivos.  Otros agentes de control para malezas son los nemátodos, hongos y otros microorganismos como protozoarios, bacterias, ricketsias y virus.

 

Parásitos.   Los organismos parásitos tienden a debilitar, más que a matar, a sus huéspedes, y son muchos más pequeños que éstos.  Los parásitos dependen de su huésped durante toda su existencia, excepto durante cortos períodos cuando se dispersan; este estado lo pasan usualmente como huevos ó esporas, los cuales requieren un eficiente agente dispersador.  Con excepción de algunos nemátodos parásitos de insectos, los parásitos no son muy buenos como agentes de control.  La mayoría de los parásitos son considerados como plagas (pulgas, piojos, garrapatas, mosquitos, etc.).

 

Antagonistas.  Existen agentes de control biológico que influyen sobre la abundancia de las plagas pero que no se alimentan directamente sobre ellas.  Estos afectan a las poblaciones de las plagas por exclusión competitiva, misma que puede ser una simple exclusión física o mediante sustancias (antibióticos) que excretan los antagonistas.  Estos agentes tienen particular importancia en el control biológico de fitopatógenos.

 

 

CLASES DE CONTROL BIOLÓGICO

 

            Los agentes de control biológico pueden ser usados de diferentes maneras para el control de las plagas agrícolas.  Así, las características biológicas de los agentes de control determinan la estrategia a seguir (Greathead y Waage, 1983).  Básicamente se pueden distinguir tres formas o clases de control biológico: por conservación, por introducción y por incremento (Anónimo, 1990; Trujillo, 1991).

 

Control biológico por conservación

 

            El primer paso en control biológico consiste en conservar (promover la actividad, sobrevivencia y reproducción) a los enemigos naturales nativos ( o ya presentes en un cultivo), a fin de incrementar su impacto sobre las plagas (Anónimo, 1990).  En este sentido, la conservación de los entomófagos va dirigida preferentemente contra plagas endémicas; no obstante, también incluye el mejoramiento de las posibilidades de establecimiento de especies introducidas para el control biológico de plagas exóticas, o incrementar la eficiencia de especies criadas masivamente en laboratorio (Trujillo, 1991). Para lograr mejores resultados, se requiere conocer cuáles especies están presentes, qué plagas atacan y cuáles lo hacen mejor y bajo qué condiciones; en función de esta información, se pueden escoger las formas más apropiadas de protegerlos y ayudarlos (Anónimo, 1991). De acuerdo con Trujillo (1991) esta clase de control biológico es la que más se adecua a las condiciones de los países latinoamericanos, ya que la mayoría de las plagas son endémicas, forma parte de las prácticas agroecológicas y su aplicación es más barata.

 

Control biológico por introducción

 

            Si no hay enemigos naturales que efectivamente controlen a la plaga, entonces se puede considerar la introducción y establecimiento de nuevas especies (Anónimo, 1990). Esta forma de control, también llamada control biológico clásico, es usada más frecuentemente en el control de plagas exóticas, las cuales comúnmente llegan a una nueva área sin factores naturales de control (Greathead y Waage, 1983).  Sin embargo, también se puede usar en el control de plagas nativas que carecen de enemigos naturales efectivos (Stehr, 1975; Greathead y Waage, 1983). En los casos exitosos, esta forma de control biológico puede reducir a la plaga a niveles por debajo de los umbrales económicos de manera indefinida (Greathead y Waage, 1983; Anónimo, 1990).

 

Control biológico por incremento

 

            Cuando los enemigos naturales son biológicamente efectivos, pero fallan en controlar a las plagas no obstante los esfuerzos de conservación o introducción, se puede recurrir al incremento, es decir, a su cría masiva y liberación inoculativa o inundativa.  Debido a que esta forma de control biológico puede ser más cara que las otras, sólo se deberá recurrir a ella si las otras formas de control biológico son ineficientes (DeBach y Hagen, 1968; Anónimo, 1990).  Sin embargo, es necesario que sea competitiva en términos económicos, particularmente con el control químico (Greathead y Waage, 1983).

 

CONTROL BIOLÓGICO Y MIP

 

            En muchos, si no en la mayoría de los casos, el control biológico por si mismo no provee una supresión económicamente aceptable de una plaga en los sistemas agrícolas. Por ello, el control biológico debe ser desarrollado e implementado como un componente del Manejo Integrado de Plagas (MIP). Sin embargo, si es una parte integral del MIP (junto con plantas resistentes, métodos culturales y control con plaguicidas) el control biológico debe ser cuidado para que se constituya en una entidad fuerte y vital (Tauber et al., 1985). Es probable que el incremento más dramático en la utilización del control biológico en sistemas de MIP, podría darse entre el juicioso uso de plaguicidas selectivos con enemigos naturales efectivos. Asimismo, el desarrollo y/o selección de enemigos naturales resistentes a plaguicidas se percibe como altamente deseable (Hull y Beers, 1985; Tauber et al., 1985). En este sentido, los agentes microbiales parecen ser los mejores sustitutos de los insecticidas de amplio espectro para ser usados en los sistemas de MIP (Huffaker, 1985).

 

ALCANCE Y FUTURO

 

            La producción de los cultivos es reducida por el efecto de una variedad de plagas. A pesar de la agricultura mecanizada y los avances de la tecnología, las pérdidas continúan. Los plaguicidas son valorados por su uniformidad y rápida acción, facilidad de aplicación, manejo y relativamente una larga vida útil, sin embargo, los efectos colaterales, tales como toxicidad a organismos no considerados en el control y a la inducción de resistencia en las plagas, ha propiciado una preocupación en el público por la calidad del ambiente y a incrementar el énfasis sobre estrategias alternativas del control de plagas, tales como en control biológico (Batra, 1982).

 

            Uno de los problemas del control biológico es la carencia de precisión y predicción; a menos que se superen estos problemas, por lo general no podrá ser adoptado e integrado dentro de sistemas MIP (Tauber et al., 1985).  La investigación fundamental y la teoría serán de enorme valor para identificar las causas del éxito o las que han hecho fallar a los programas de control biológico. Esta forma de investigación debe ser prioritaria para el futuro desarrollo del control biológico y el prerequisito necesario para desarrollar una ciencia del uso de los entomófagos (Waage y Hassell, 1982, citados por Hokkanen, 1985).  Para llevar a cabo la integración de este método con el MIP, se requiere de mucho apoyo financiero para la investigación y el desarrollo (Tauber et al., 1985).

 

            En el futuro, el control biológico puede incrementarse debido a : a) incremento en el costo de los insecticidas, b) incremento en el número de plagas resistentes a los plaguicidas, c) preocupación de la gente hacia la contaminación del ambiente por plaguicidas, y d) incremento en las reglamentaciones que limitaran el uso de los plaguicidas (Summy y French, 1988).

 

            De acuerdo con Hoy (1985), los programas de control biológico clásico continúan siendo necesarios porque : a) las plagas exóticas continúan entrando en los países de manera regular, b) no todos los programas previos fueron exitosos, y c) los enemigos naturales exóticos podrían ser utilizados para el control de plagas nativas. Por ejemplo, algunos datos en relación a las plagas exóticas indican que desde 1800, un total de 1683 especies se han establecido es los Estados Unidos, y de éstas, 837 se introdujeron desde 1910 (Kim, 1991). Así, mucho del mercado futuro del control biológico clásico lo constituirá la habilidad de las plagas de escapar de las restricciones cuarentenarias (Waage y Greathead, 1988).

 

            Aunque el control biológico clásico continúa fascinando a los ecólogos, más atención se ha puesto recientemente sobre métodos inundativos, particularmente en el potencial comercial de los bioplaguicidas. Muchos inversionistas en proyectos de alto riesgo económico están poniendo su capital en el desarrollo de patógenos, sin embargo se debe mencionar que las empresas pequeñas deben competir fuertemente con las grandes, y muchas de ellas están cerrando después de poco tiempo de trabajar; debido a esta situación, no se visualiza un salto grande en la industria de los productos microbiales (Waage y Greathead, 1988).

 

            En los países en desarrollo, donde es altamente elevado el costo de los insecticidas y frecuente la resistencia de las plagas a éstos, el control biológico tiene una aplicación especial que no ha sido ampliamente explotada (Greathead y Waage, 1983). Por lo tanto, el control biológico constituye para América Latina el método de control de plagas más viable, ecológicamente recomendable y autosostenido (Altieri et al., 1989). En especial, el control biológico por conservación es importante para países, que como México, tienen una agricultura basada principalmente en la siembra de los cultivos nativos; además esta forma de control biológico tiene la capacidad de promover el control de más de una especie plaga  (Trujillo, 1991).

 

REFERENCIAS

 

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Cuadro 1. Selección de casos y eventos notables de control biológico en el mundo

(Simmonds et al., 1976).

AÑO

ACONTECIMIENTO HISTÓRICO

ENEMIGO NATURAL

ESPECIE  PLAGA

1200

Los chinos usaron hormigas para el control de un defoliador en cítricos

Oecophylla smaragdina

Tessarotoma papillosa

1200

Utilidad reconocida de Coccinellidae

Catarinitas

Afidos y escamas

1602

Primer reporte de “parasitismo”

Apanteles glomeratus

Pieris rapae

1706

Vallisneri interpreta correctamente el parasitismo

Apanteles glomeratus

Pieris rapae

1718

Parasitismo sobre lepidópteros en Inglaterra

Ichneumonidae

Orugas

1726

Registro de Hongos patógenos sobre larvas de Lepidoptera

Hongos

Noctuidae

1734

Se sugirió el uso de Syrphidae contra pulgones  en invernadero

Sirfidos

Afidos

1752

Chinches asesinas  para el control de chinches de la cama

Redúvidos

Cimex lectularius

1762

Introducción del pájaro Mynah de la India a Mauritania

Acridotheres tristis

Locústido rojo

1763

Coleoptero sugerido para usarse (no fue usado)

Calosoma sycophanta

Orugas

1764

Se introdujeron a Jamaica hormigas para el control de escamas

Formica  sp.

Escamas

1776</